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Aditivos: actualización al ritmo de la tecnología

 

Su desarrollo va de la mano de los avances tecnológicos, cada vez más complejos y frecuentes. Pero, a su vez, implica extremar las medidas para garantizar su seguridad alimentaria de acuerdo con las normativas vigentes en cada país, así como a nivel regional y mundial. En América Latina, desde los Bloques del Mercosur y SIECA, se realizan reuniones periódicas que reflejen la aparición de los nuevos criterios. / Clara Giúdice (*)
(*) Especialista en Latinoamérica en regulación alimentaria y directora de la consultora FKI – Food Knowledge International, especializada en alimentos y bebidas, ingredientes alimenticios y suplementos.
Los aditivos alimentarios son sustancias que se adicionan a los alimentos con fines tecnológicos, es decir, el campo de los aditivos está directamente vinculado con la tecnología por definición y, por lo tanto, avanza al ritmo de su desarrollo. A su vez, los aditivos son sustancias cuya seguridad es objeto de evaluación periódica. Es por ello que en el mundo las regulaciones sobre aditivos alimentarios se actualizan con frecuencia. Esta dinámica también tiene lugar en América Latina.

En el último año, varios países de la región han trabajado, y continúan haciéndolo, para actualizar sus normas sobre aditivos. Estos trabajos son llevados a cabo por los bloques de integración que poseen regulación armonizada, así como por países cuyas regulaciones sobre aditivos son de alcance nacional.

Ejemplo de los primeros es la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA), bloque compuesto por Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá, que en noviembre de 2016 actualizó su Reglamento Técnico Centroamericano (RTCA) sobre aditivos alimentarios del año 2012, como resultado de un trabajo conjunto entre las autoridades y la industria.

En base a solicitudes del sector productivo, se autorizó el uso de una serie de nuevos aditivos en diferentes categorías de alimentos; a su vez, se actualizaron los niveles máximos y categorías permitidas para ciertos aditivos que ya figuraban en el reglamento de 2012. Por tratarse de una regulación armonizada, los nuevos criterios aplican homogéneamente en los países miembros del bloque, a excepción de Panamá que no ha adoptado aún el RTCA sobre aditivos alimentarios.

El otro bloque de integración latinoamericano que posee regulación alimentaria armonizada, es decir, el Mercado Común del Sur (Mercosur), también trabaja en la actualización de varios reglamentos sobre aditivos alimentarios, con diferentes grados de avance. Por un lado, la revisión del Reglamento Técnico Mercosur (RTM) sobre aditivos y sus límites permitidos en carnes y productos cárnicos está próxima a adoptarse. Otros trabajos programados por el Mercosur son la revisión de los aditivos permitidos y sus niveles autorizados en productos de panificación y galletería, y la revisión de la “Lista general armonizada de aditivos alimentarios”, actualizada por última vez en 2006. Sin embargo, estos trabajos se encuentran en una etapa inicial de discusión. En abril de 2017 tendrá lugar la próxima reunión de la Comisión de Alimentos del Mercosur, durante la cual es esperable que continúen las discusiones sobre estos temas.

A nivel nacional, países como Chile, Colombia y México han revisado sus criterios sobre aditivos alimentarios en los últimos meses. A mediados de 2016, las autoridades de Chile emitieron en consulta pública una propuesta para actualizar su regulación sobre aditivos. La propuesta incluía una revisión de los aditivos alimentarios permitidos, con nuevas incorporaciones a las listas de sustancias permitidas, así como la eliminación de algunos aditivos que actualmente pueden usarse. También se revisaron los niveles máximos autorizados para varias sustancias. A su vez, se propusieron ajustes en los criterios de rotulado, especificaciones de pureza y evaluación de la toxicidad, y buenas prácticas de fabricación de aditivos. Si bien los resultados de la consulta no se han publicado aún, es esperable que en el curso de 2017 haya novedades sobre este desarrollo.

De igual forma, durante 2016 México realizó varias actualizaciones a su marco regulatorio sobre aditivos, condensado en el “Acuerdo por el cual se determinan los aditivos y coadyuvantes permitidos en alimentos, bebidas y suplementos alimenticios”. Como resultado, se autorizaron nuevas sustancias saborizantes, edulcorantes, colorantes y enzimas, y se ampliaron los usos permitidos para ciertos colorantes y otros aditivos que ya estaban incluidos en la regulación.

El caso de México puede destacarse en la región como ejemplo de sistema que permite una ágil actualización de criterios sobre aditivos autorizados. En este país, no es necesario aguardar a que se complete el proceso formal de actualización de la normativa para poder usar un aditivo no contemplado en ella. Aquellos aditivos alimentarios y coadyuvantes de tecnología que hayan sido evaluados, aprobados y publicados por la autoridad sanitaria, se pueden utilizar de manera inmediata, en tanto se actualiza el mencionado Acuerdo.

Por último, cabe destacar los desarrollos en este ámbito que han tenido lugar en Colombia. En 2016, la Sala Especializada de Alimentos y Bebidas del INVIMA consideró adecuado aplicar los criterios de la “Norma General del Codex Alimentarius para Aditivos Alimentarios” para aquellos alimentos que no poseen regulación nacional sobre aditivos permitidos. Este concepto, incluido en los “Lineamientos para reconocimiento de aditivos, saborizantes, y coadyuvantes de uso en alimentos y bebidas para consumo humano”, es una importante herramienta que clarifica los criterios prácticos de aceptación de aditivos en Colombia.

En síntesis, prácticamente todos los países de América Latina han actualizado recientemente sus regulaciones sobre aditivos alimentarios, o están en vías de hacerlo, de modo que las mismas reflejen los avances tecnológicos, así como los criterios actualizados de seguridad, para esta sustancias. En todos los casos, el sector industrial tiene la posibilidad de participar, ya sea a través de la elaboración de propuestas, aporte de comentarios a proyectos en consulta pública, o mediante solicitudes directas a las autoridades.

Durante 2017 es esperable que estos desarrollos avancen, por ejemplo, con la continuación de las discusiones en el Mercosur, y con la evaluación de los comentarios recibidos durante la consulta pública en Chile. Cabe preguntarse si, dada la estrecha relación entre el área de los aditivos alimentarios y los avances tecnológicos, podrían considerarse mecanismos que facilitaran la actualización periódica de los criterios sobre aditivos permitidos, y que resultaran ágiles para las partes involucradas en este tipo de procesos.

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